PARIS....

Siempre es triste cuando alguien muere aunque sea a 11 mil y tantos kilómetros de distancia. Sin embargo, lo de París es diferente. Creo que es la oportunidad que estamos todos necesitando y esperando de un mundo mejor, ¿dónde si no en París debiera repensarse el pacto social bajo el cual vivimos?
La cuna de la democracia, la libertad y los derechos humanos debiera liderar este cambio, esta democracia capitalista, ya está rancia, excluye a mediomundo, siguen fuera las mujeres, los inmigrantes, los disidentes, los raros, los de apellidos comunes y corrientes, mi yo escondido. El modelito margina grupos, margina países, enfrenta a unos con otros siembra la desconfianza porque permite la campaña del terror, siembra el descontento porque se sustenta en el consumo ilimitado, nada es nunca suficiente ni para los que tienen más ni para nosotros, mucho menos para los realmente pobres.
Nuestro país provincial no escapa en absoluto a los problemas del mundo postmoderno, la diferencia es que somos todos de medias tintas y preferimos la seguridad del sillón oficial (y el sueldo, claro está).
Existe delincuencia, pero ese no es el tema, la derecha lo usa, todos lo sabemos y finalmente de tanto repetir la tontera el gobierno queda como ineficiente en ese aspecto. Pero, el problema es otro, nosotros también tenemos esos barrios marginales discriminados, abandonados, unos verdaderos ghetos que se han transformado en el caldo de cultivo de los carteles de la droga, el tráfico de mercancías y seguramente de niños y mujeres. ¿Cuánto falta para que se organicen, siguiendo el mismo patrón que en Francia y los demás países de Europa? Esto es también la globalización, probablemente todavía estamos mucho más cerca de USA, con su tolerancia cero, la competencia feroz, y una campaña del terror muy eficiente. Todavía la tremenda diferencia entre los ricos y pobres se puede cubrir con las políticas sociales que ha podido instalar la concertación, pero francamente la deuda es inmensa. Tarde o temprano se pasará la cuenta, no a través del voto, el mundo marginado no se inscribe, no vota, no participa, no le interesa, y ahora está emergiendo un referente en el mundo: el caos y la violencia desatada.
Mi esperanza es que aparezcan los líderes y los intelectuales que logren interpretar este descontento generalizado y surjan ya las nuevas propuestas, el nuevo pacto.
Qué ganas de estar en el próximo siglo para ver cómo salimos de esta.
En todo caso, que quede claro, yo voto por la Bachelet.

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